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martes, 15 de mayo de 2012
Ay Dios, nosotras las mujeres creemos que tenemos todo bajo nuestro control, pero lamento decirles, chicas, que hay situaciones que inevitablemente saldrán de nuestra esfera controladora para ser ellos quienes nos lleven al camino de la perdición.
Recuerdo mi madre que siempre me decía: “Josefina, ponete ropa interior decente, sana, que si te llegase a pasar algo no podés andar con el calzón roto”. Frase que nunca la entendí, porque si ese “algo” me llegaba a suceder, una imaginaba un desmayo en la escuela, que te atropelle un auto cuando cruzabas la calle, que te golpeen y el destino de cualquiera de esas situaciones era un hospital, a lo cual una siempre respondía: “Ay mamá, si me pasa algo, lo que menos les va a importar es la bombacha que llevo porque van a estar más preocupados por salvarme la vida”.Y hoy, con 34 años, una vez más digo: Que sabias son las madres.Y si, porque mamá iba más allá, el accidente nada tenía que ver con una cama de hospital, sino con otro tipo de camas. Si chicas, todas, o la mayoría, tenemos esas bombachas arruinadas, viejas, agujereadas, desteñidas, que están guardadas en nuestros cajones para situaciones tales como: el gimnasio, la depiladora, la semanita del periodo, y otras tantas que no ameritan el uso de las preferidas.Pero fuera de estas situaciones descriptas existe una muy especial en la cual decidimos usarlas: LA PREVENTIVA. Sí, “prevención” a tentarnos en esa primera cita, con ese hombre que con solo un llamado, o un mensaje de texto o peor aún, esos chats interminables que dan la sensación que a cada línea que escribimos, una copa de vino se mete en nuestras venas y, a medida que avanzamos llegamos a limites inexplicables.
Y como, al finalizar ese chat estamos muy avergonzadas, pero no arrepentidas, decidimos aceptar esa invitación a cenar pero para controlarnos creemos tener la solución: La bombacha PREVENTIVA cuidará de nosotras, de esa naturaleza femme fatal que hace que nos tentemos y dejemos a la chica de buena familia tirada por ahí. Ella nos salvará! Le adjudicamos la potestad de policía de nuestra intimidad, guardiana de esa puerta mágica que sólo queremos abrirle al elegido.
Suponemos que tendrá la misma facultad que una bombacha de lata pero, lamentablemente, ella está agujereada, vieja, desteñida, rota y cansada de cuidarnos.También es cierto que tenemos otras trampas que ayudarían a un “NO, no puedo, no es el momento.” Y las voy a enunciar aquí y quien esté libre de pecado que tire la primera piedra:
- No me voy a depilar hoy así me siento incomoda.
· Le digo de comer afuera así no voy a su casa ni yo a la de él.
· Me pongo las medias con agujeros también.
· Este corpiño es re complicado de quitar y es cuasi ortopédico.
· Voy con mi auto así me vuelvo sola a casa.
· Cena no, mejor almuerzo.
Y tantos otros que serán devastados con el correr de la velada si ese candidato va cumpliendo las expectativas a medida que avanza la cena/almuerzo/merienda/desayuno, porque no importa a qué hora sea la cita, si hay algo que sucede si o sí, es que cuanto más pensamos en un NO, más cerca estamos del SI y después nos queremos matar por haber llevado adelante todos esos tips. Porque es en el después que él va a observar todos estos descuidos y es allí donde debemos confesar la intencionalidad de la utilización de los métodos persuasivos para no quedar como unas desprolijas, unas dejadas, etcétera y evitar que salga corriendo creyendo que estamos más cerca del linyera que de la chica de buena familia.
Mucho cuidado con la situación inversa queridas amigas; porque es en estos casos cuando la Ley del maldito Murphy se cumple. Tal es así que Murphy también aparece cuando, creyendo que esa es “la noche”, nos compramos la mejor lencería para la mejor velada de nuestra vida, nos ponemos esa crema tan rica y tan cara que sabemos querrá comernos apenas la huela, vamos a la peluquería, nos hacemos las manos y también los pies aunque sea pleno invierno, no importa, quizás le gustan los pies, nos depilamos, nos chequeamos una y otra vez, hasta ensayamos frente al espejo como nos vemos en tal o cual pose y es allí donde Murphy aparece. Esa noche seguramente terminamos durmiendo solas, o abrazadas a nuestros perros, cuarto kilo de helado de por medio, llorando y maldiciéndonos por no habernos puesto nuestra bombacha preventiva! Y sí… mamá tenía razón… hay que ponerse una digna ropa interior, sin agujeros, ni desteñidas, ni envejecidas, porque nunca, pero nunca jamás, sabremos en que cama podremos terminar durmiendo.
Chicas, evitémonos las explicaciones del día después. No hay nada mejor que un buen conjunto de ropa interior blanco de algodón, quedamos como unas ladys si dormimos en su cama. Pero si es que solas terminamos la velada, evitaremos el exceso de calorías por ahogar nuestras penas en un cuarto kilo de helado. Mamá siempre tiene razón, sólo es cuestión de tiempo.
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