miércoles, 28 de agosto de 2013

SI QUERÉS HACER REIR A DIOS CONTALE TUS PLANES, POR VALERIA SCHAPIRA


SI QUERÉS HACER REIR A DIOS CONTALE TUS PLANES(CONFIAR EN EL PROCESO DE LAS COSAS)


VALERIA SCHAPIRA, nota revista LAS ROSAS

Si algo hay coincidente en la conducta de la mayoría de los humanos es el pretender acomodar la realidad a los deseos. De desear y soñar se trata la vida; de andar corriendo atrás de alguna zanahoria: un trabajo, un hijo, un auto, una casa, un amor…  Hay tantas zanahorias como personas en el huerto universal. Y qué bueno que existan los proyectos porque sin ellos no seríamos otra cosa que autómatas que nos levantamos a la mañana para ejecutar tareas sin ambiciones, anhelos ni ilusiones.Lo que tenemos que aprender – y eso es de gentes evolucionadas que se dejan fluir con la cadencia del Universo – es que no siempre las cosas salen como las programamos y eso no es necesariamente malo. Todo lo contrario. No estoy hablando de hechos trágicos, hagamos la salvedad. A nadie le gusta que le pase algo horrible y mejor no andar previendo dramas por eso de la ley de la atracción. Hablo de todas aquellas situaciones que nuestra programación mental planificó y Dios, el destino, o como quiera cada quien prefiera llamarlo, decidió torcer. Resulta que nos obsesionamos pensando en una persona y ajustamos nuestros planes, actos y rutinas a la posibilidad de que ese amor se concrete. Quizás ocurra. Quizás no. Y quizás no sea malo que no pase lo imaginado; puede que sea lo mejor porque en el camino nos espera alguien más adecuado.Lo mismo con un trabajo que se frustra o se interrumpe. Cuando se cae un proyecto, solemos caer en la desesperación, en el pensar que eso no puede ser para bien, que algún error cometimos, que no somos merecedores. La realidad indica que puede no dar frutos algo para lo que hemos trabajado mucho y ese otro plan al que no le hemos puesto tanta energía, explotar de repente y cambiar nuestra vida de un día para el otro.Si nos dejáramos fluir con los acontecimientos, la vida sería mucho más sencilla. Pero no. Resulta que ahí vamos llenando los casilleros de lo que “debería venir” con expectativas y planes premoldeados pensando en que, de la concreción de lo imaginado,dependerá nuestra felicidad.Cuando miro hacia atrás descubro que las mejores cosas que me pasaron se dieron cuando no las esperaba. Los más lindos asuntos del corazón acontecieron en lugares en los que nadie pensaría conocer a un amor. Los momentos profesionales más interesantes los viví cuando no estaba pensando en los resultados de mi tarea, sólo haciéndola con pasión.  En el momento en que aprendí a confiar en el proceso de las cosas, empecé a relajarme y a reencontrarme con lo lindo que entraña lo inesperado. Un trabajo interno muy ligado a relegar las expectativas y a trabajar en la aceptación.Cuando parece que Dios “se está riendo” de nuestros planes es porque seguramente nos tiene reservado algo mucho mejor que aquello que nosotros creemos“ideal” para nosotros.Así que ya sabés, si querés hacer reír a Dios, contale tus planes. O mejor aún, hacé tus planes y reíte si no salen tal cual los diseñaste. Lo mejor está por venir. Te lo firmo.

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